¿Alguna vez soñaste con viajar en el tiempo? ¡Acá en la Patagonia, a muy cerquita de Trevelin, hay un lugar que te va a volar la cabeza! Es como si el pasado cobrara vida, y cada rincón te contara una historia. Hablamos del Molino Harinero Nant Fach, un museo que late y un verdadero tesoro de la cultura galesa en Chubut.


La historia de un capricho patagónico que se hizo realidad

Trevelin en galés significa “pueblo del molino”. ¿Te imaginás? Acá la industria harinera de los galeses que llegaron en el siglo XIX fue un boom. Y el Molino Nant Fach es como un homenaje a esa historia. El que lo hizo posible es Mervyn Evans, un genio apacionado de la historia de sus ancestros en este lugar.

Mervyn, bisnieto de uno de los pioneros, Thomas Dalar Evans, se crió con una obsesión: desde chico, su lugar favorito era un molino viejo que se estaba cayendo a pedazos. Esa chispa nunca se le apagó. En el 78, cuando su padre vendió el campo, Mervyn compró las muelas de un molino re viejo. Agarró serrucho, martillo y empezó a construir su propio molino. ¡No una réplica, ojo! Era su diseño, su sueño de “tener de vuelta un viejo molino, rescatar lo perdido”. Y la idea era que funcionara para que todos vieran cómo se hacía la harina antes. ¡Y así fue! El 28 de enero de 1996, el Molino Nant Fach abrió sus puertas. ¡Una locura!


El molino que late a fuerza de agua, ¡con el alma de su creador!

Ubicado al sur de la Ruta Nacional 259, a unos 22 kilómetros de Trevelin, casi tocando Chile, vas a ver una cabaña de troncos gigante con un techo a dos aguas y una rueda vertical que te va a dejar con la boca abierta: ¡casi cuatro metros de diámetro! Antes era de madera, ahora es de metal para aguantar más, y se mueve con el agua de un “arroyo chico” (Nant Fach) que baja directo de la Cordillera de los Andes.

Lo más emocionante de todo es que el Molino Nant Fach ¡funciona de verdad y produce harina! Mervyn Evans te va a contar con orgullo que el molino puede hacer unos 600 kilos de harina por día. ¿Cómo? ¡Solo con la fuerza del agua! Nada de motores que contaminan ni facturas de luz. Escuchar el sonido del agua moviendo la rueda, que después se convierte en el ruidazo de las muelas moliendo el trigo, es una experiencia única. Ahí entendés cómo se hacía la harina antes, ¡un viaje al pasado garantizado! Ahora, con menos gente, hace unos 80 kilos diarios, pero la magia es la misma.


Un museo vivo que te cuenta mil anécdotas

Visitar el Molino Nant Fach es mucho más que ver fierros viejos; es un “museo especial” donde todo está arreglado y funciona. Y la frutilla del postre es el mismo Mervyn Evans, un apacionado que te llevara con sus historia al corazón del pasado gales en Trevelin. Con su pasión por sus raíces galesas y todo lo que sabe de la zona, transforma la visita en una charla espectacular que te va a encantar y de la que vas a aprender un montón.

Adentro del molino, en la “sala de máquinas y producción”, Mervyn te explica cómo un sistema simple de poleas y palancas transforma el trigo en harina integral y otras variedades. Al lado, hay una sala que es un museo de la historia galesa, llena de fotos, recortes de diarios sobre la industria harinera de Chubut, y objetos de esa inmigración. Vas a ver un piano viejísimo, una victrola, una cocina a leña, una máquina de hacer pastas a mano, una plancha a carbón, ¡y hasta un maniquí vestido como una paisana galesa de antes!

Mervyn te va a contar con lujo de detalles la época de oro de la harina en Chubut, cuando la producccion de trigo era tan destacada que ¡tenía hizo que una espiga de trigo llegara a formar parte del escudo de Chubut! Sus trigos ganaron premios internacionales en París (1889) y Chicago (1893, 1918). Y también te va a contar la parte triste, la caída de esa industria por culpa de los monopolios trigueros y decisiones del gobierno en los 40 y 50 que le jugaron en contra a la producción local.

Pero las historias de Mervyn van más allá de la molienda. Te va a relatar anécdotas de la buena onda entre los colonos galeses y los tehuelches, como la del cacique Francisco Chiquichano, que decía que los galeses “no eran cristianos” porque los trataban re bien. Te va a contar por qué los galeses se vinieron para acá, buscando libertad de la persecución inglesa. Y hasta historias familiares, como la muerte trágica de su tío abuelo Madryn, que se lo comió un puma. ¡Y no falta el humor! Hay chistes sobre la guerra de Malvinas y la visión particular de Lady Di que tienen los galeses. Además, Mervyn te deleita tocando instrumentos celtas como el armonio y la pianola. ¡Un capo!


No solo el molino: ¡hay más sorpresas!

El Molino Nant Fach tiene unas opiniones excelentes de la gente, con un promedio de 9.2/10. Y está pensado para que todos puedan ir: tiene entrada, estacionamiento, baños y asientos accesibles para sillas de ruedas, y hasta un sistema para los que tienen problemas de audición.

Pero la cosa no termina en el molino. La visita cierra en un patio que es como un pueblo del 1800, con carretas, herramientas del campo, una herrería y una despensa re bien ambientada. Y si te gusta la mecánica, ¡agarrate! Hay una colección impresionante de aviones, motos, bicicletas y hasta una máquina de vapor de 1907, restaurada y ¡funcionando! Mervyn Evans no es solo molinero y contador de historias, ¡también es fanático de las máquinas, piloto de avionetas y ahora se metió con la navegación, hasta hizo un lago en el predio! Este tipo es un crack.


¡Planificá tu escapada al pasado!

El Molino Nant Fach abre todo el año, con visitas guiadas todos los días de 14 a 18 hs (los horarios de cierre pueden cambiar, así que pegale una llamada antes). La visita guiada dura unos 45 minutos, pero te recomiendo que le dediques al menos 1:30 a 2 horas para recorrer todo tranqui.

La entrada general sale $8000 por persona, jubilados $7000, y para los locales y chicos de 6 a 12 años, $4000 (¡ojo que los precios pueden cambiar!). Si hay nevadas o lluvias fuertes, mejor llamá a la Oficina de Turismo de Trevelin, porque el camino es de ripio.

El molino es parte del circuito de la Ruta 259, la famosa Ruta Galesa. Así que ya que estás, aprovechá y visitá las Cascadas Nant y Fall, el Lago Baggilt, unos viñedos copados y una piscicultura. Y para cerrar con broche de oro, no te pierdas un tradicional té galés con la riquísima torta negra en los alrededores de Trevelin.

¡No te quedes con las ganas de sumergirte en la historia, la cultura y las anécdotas del Molino Nant Fach! Es un viaje imperdible que te va a conectar con el espíritu emprendedor y la calidez de los galeses pioneros de nuestra Patagonia. ¿Estás listo para esta aventura?